Yao, el muchacho senegalés que vende en la calle, es de religión animista; Rachid, el antiguo socorrista marroquí, ahora peluquero por necesidad, musulmán; y junto a ellos están María Luisa, una mujer viuda que aún sigue yendo a misa sin olvidar su pasado, cuando se llamaba Mavi; y su hijo Rober, que cuando se llamaba Roberto quería ser pianista; ahora es diseñador de páginas web y está enamorado de Rachid.

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